En una guerra defensiva brutal, los Seahawks anularon por completo el ataque de San Francisco. Una noche para el olvido de los locales que terminan sin anotar touchdowns ante su gente.
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| Foto: enfoquenoticias |
Hay partidos que se ganan con fuegos artificiales y otros que se conquistan en el lodo. Esta noche, los Seattle Seahawks eligieron el camino difícil y salieron victoriosos del Levi's Stadium con un 13-3 que es, ante todo, una declaración de principios defensivos. En un duelo divisional áspero, ríspido y carente de ritmo ofensivo, Seattle demostró que para aspirar a todo en enero, primero hay que saber sufrir en las trincheras.
Lo que sobre el papel prometía ser un duelo de potencias, terminó siendo una pesadilla para Kyle Shanahan y sus 49ers. La ofensiva local, usualmente una maquinaria bien engrasada, se topó con un muro infranqueable. Brock Purdy vivió una de sus noches más frustrantes como profesional; presionado constantemente en la bolsa de protección y sin ventanas de pase claras, el mariscal de campo nunca pudo establecer el ritmo.
La estadística es lapidaria: tres puntos en casa. La defensa de los Seahawks cerró las vías terrestres a Christian McCaffrey y obligó a San Francisco a volverse unidimensional y predecible. Cada intento de los 'Niners' por cruzar la mitad del campo terminaba en despejes forzados o jugadas rotas.
Del otro lado, la ofensiva de Seattle no fue espectacular, pero sí quirúrgica. Entendiendo el tipo de partido que se estaba jugando, gestionaron el reloj y aprovecharon las pocas grietas que ofreció la defensiva rival. Un touchdown solitario en el segundo cuarto y dos goles de campo oportunos fueron renta suficiente para un equipo que se dedicó a administrar la ventaja con una disciplina militar.
El último cuarto fue un ejercicio de impotencia para la grada de Santa Clara. Con el marcador 13-3, San Francisco tuvo un par de posesiones para intentar la épica, pero la secundaria de Seattle, agresiva y atenta, bajó la cortina definitivamente. No hubo milagro, solo la cruda realidad de un equipo visitante que impuso su plan de juego de principio a fin.
Esta victoria 13-3 no solo duele en el orgullo de la rivalidad; siembra dudas en San Francisco justo cuando la temporada entra en su fase más crítica, mientras que Seattle regresa al noroeste con la moral por las nubes.
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