sábado, enero 03, 2026

La defensa de Seattle asfixia a Purdy y congela el Levi's Stadium

En una guerra defensiva brutal, los Seahawks anularon por completo el ataque de San Francisco. Una noche para el olvido de los locales que terminan sin anotar touchdowns ante su gente.


Foto: enfoquenoticias


Hay partidos que se ganan con fuegos artificiales y otros que se conquistan en el lodo. Esta noche, los Seattle Seahawks eligieron el camino difícil y salieron victoriosos del Levi's Stadium con un 13-3 que es, ante todo, una declaración de principios defensivos. En un duelo divisional áspero, ríspido y carente de ritmo ofensivo, Seattle demostró que para aspirar a todo en enero, primero hay que saber sufrir en las trincheras.


Lo que sobre el papel prometía ser un duelo de potencias, terminó siendo una pesadilla para Kyle Shanahan y sus 49ers. La ofensiva local, usualmente una maquinaria bien engrasada, se topó con un muro infranqueable. Brock Purdy vivió una de sus noches más frustrantes como profesional; presionado constantemente en la bolsa de protección y sin ventanas de pase claras, el mariscal de campo nunca pudo establecer el ritmo.


La estadística es lapidaria: tres puntos en casa. La defensa de los Seahawks cerró las vías terrestres a Christian McCaffrey y obligó a San Francisco a volverse unidimensional y predecible. Cada intento de los 'Niners' por cruzar la mitad del campo terminaba en despejes forzados o jugadas rotas.


Del otro lado, la ofensiva de Seattle no fue espectacular, pero sí quirúrgica. Entendiendo el tipo de partido que se estaba jugando, gestionaron el reloj y aprovecharon las pocas grietas que ofreció la defensiva rival. Un touchdown solitario en el segundo cuarto y dos goles de campo oportunos fueron renta suficiente para un equipo que se dedicó a administrar la ventaja con una disciplina militar.


El último cuarto fue un ejercicio de impotencia para la grada de Santa Clara. Con el marcador 13-3, San Francisco tuvo un par de posesiones para intentar la épica, pero la secundaria de Seattle, agresiva y atenta, bajó la cortina definitivamente. No hubo milagro, solo la cruda realidad de un equipo visitante que impuso su plan de juego de principio a fin.


Esta victoria 13-3 no solo duele en el orgullo de la rivalidad; siembra dudas en San Francisco justo cuando la temporada entra en su fase más crítica, mientras que Seattle regresa al noroeste con la moral por las nubes.

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