Un tempranero zapatazo de Matías Galarza al primer minuto de juego dictó la sentencia para una escuadra otomana incapaz de perforar el cerrojo sudamericano, que resistió todo el complemento sin el expulsado Miguel Almirón.
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El Campeonato Mundial de la FIFA 2026 ha facturado uno de sus capítulos más ríspidos, dramáticos y emotivos sobre el césped del Estadio de la Bahía de San Francisco, dinamitando los manuales de la mesura posicional desde el silbatazo inicial. En la tarde californiana de este viernes, la Selección de Paraguay firmó una de las páginas más heroicas de su historial ecuménico al derrotar por 1-0 a su similar de Turquía en la segunda fecha del Grupo D. El tiralíneas dispuesto por el estratega Gustavo Alfaro neutralizó la adversidad numérica y reestructuró las planillas operativas de la zona media, cobrando la cuenta de la derrota inaugural ante Estados Unidos con un ejercicio de sacrificio colectivo que, de paso, consumó la eliminación matemática de las Estrellas Crecientes.
El compromiso oficial rompió sus amarras con un auténtico impacto sísmico. No se había completado el primer minuto de juego cuando la Albirroja mordió alto en las transiciones de la zaga otomana; tras una recuperación limpia en el último tercio, Julio Enciso arrastró las marcas y habilitó a Matías Galarza, quien acomodó el cuerpo en la frontal del área y desenfundó un zurdazo cruzado, raso y milimétrico que batió a Uğurcan Çakir para dictar el 1-0. La anotación no solo sacudió las pizarras operativas de Santa Clara, sino que se inscribió de forma oficial como el gol más rápido en lo que va del torneo veraniego. Turquía, aturdida por la metralla paraguaya, intentó adueñarse del esférico mediante el talento de Arda Güler y Kenan Yıldız, pero chocó sistemáticamente contra los bloques compactos comandados por Gustavo Gómez y Omar Alderete. Al 34', el infortunio se cebó con los europeos cuando un testarazo forzado de Mert Müldür impactó dramáticamente primero en el larguero y luego en el vertical derecho de un batido Orlando Gill.
Cuando el trámite se enfilaba al descanso bajo el control burocrático de la ventaja paraguaya, la polémica arbitral y el nuevo protocolo disciplinario de la FIFA depararon un hito histórico. En el agregado de la primera mitad (45+2'), tras una fricción colectiva en la medular, el colegiado salvadoreño Iván Barton fue convocado por las pantallas del VAR. Las cámaras captaron al atacante Miguel Almirón cubriéndose la boca con la mano para emitir comentarios hacia Müldür, una acción prohibida bajo el nuevo reglamento de conducta que castiga de forma estricta los gestos que intenten ocultar insultos o protestas ante árbitros y rivales si no se ostenta la cinta de capitán. Barton aplicó el manual de la oficina y mostró la tarjeta roja directa, dejando a la Albirroja en inferioridad métrica para encarar el complemento.
La segunda mitad se configuró como un monólogo asfixiante y perimetral de Turquía, que volcó todas sus unidades en el último tercio bajo las directrices del técnico Vincenzo Montella. Alfaro replegó sus líneas en un orden de contención extremo, retirando a Pitta para incrustar a Bobadilla en la zona media y dejando a Enciso como única boya de desahogo. Emergió entonces la figura milagrosa del guardameta Orlando Gill, quien se colgó la capa de héroe institucional al desactivar dos obuses consecutivos de Merih Demiral y Hakan Çalhanoglu. Al minuto 88, en el momento más dramático de la velada, Can Uzun remató casi a bocajarro dentro del área chica, provocando un manotazo colosal de Gill; en el rebote, Deniz Gül mandó su disparo directo a las gradas en una acción posteriormente invalidada por fuera de juego.
Los ingresos finales de Velázquez, Ávalos y Canale —este último sustituyendo al extenuado Galarza, retirado en camilla— blindaron las trincheras paraguayas hasta el último suspiro del cronómetro. Con estas tres unidades en las planillas oficiales, Paraguay se jugará la vida y el boleto a los dieciseisavos de final en un mano a mano definitivo ante Australia, mientras que Turquía firma un doloroso fracaso al marchar a casa de forma prematura.
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