El combinado dirigido por Hossam Hassan revirtió el zarpazo inicial de Finn Surman con una actuación colosal de Mohamed Salah, quien registró un gol y una asistencia para disolver un ayuno histórico de cuatro ediciones.
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| Foto: Getty Images. |
El Mundial ha facturado una de las jornadas más estéticas, emotivas y de altísimo perfil histórico para el balompié del continente africano, reestructurando por completo las planillas operativas de un Grupo G que transitaba bajo el signo de la paridad asfixiante. Este domingo 21 de junio, sobre el asfalto verde del Estadio BC Place de Vancouver, la Selección de Egipto rompió un maleficio institucional que arrastraba a lo largo de cuatro ediciones ecuménicas al firmar la primera victoria de toda su existencia en los Mundiales, derrotando por 3-1 a su similar de Nueva Zelanda. El compromiso, que consolidó a los Faraones en la vanguardia solitaria del sector aprovechando el empate previo entre Bélgica e Irán, tuvo como arquitecto absoluto a su capitán y leyenda viviente, Mohamed Salah.
El tiralíneas estratégico diseñado por el cuadro neozelandés sorprendió a la zaga africana apenas al minuto 15 de la etapa inicial. Tras un cobro de esquina ejecutado con precisión milimétrica por Tim Payne, el defensor Finn Surman se anticipó a las marcas en el corazón del área chica y conectó un violento testarazo que batió las redes para dictar el 1-0 provisional. La diana congeló los vatios de la parcialidad roja en las gradas y forzó a Egipto a asumir una ruda carga psicológica. Para colmo de males en la oficina de Hossam Hassan, al minuto 41 se dictó la baja por lesión de Hamdi Fathy, obligando al ingreso logístico de Ramy Rabia para estabilizar los circuitos del mediocampo antes de enfilar a los vestidores.
La etapa complementaria operó bajo una mutación radical en el engranaje de los Príncipes... de los Faraones, impulsados por la clarividencia perimetral de Salah. Al minuto 58, Mohamed Hany taladró la banda derecha y colgó un servicio a media altura; Mostafa Ziko irrumpió desde la segunda línea y ensayó un frentazo sólido para vencer al guardameta Kiwi, restableciendo las tablas métricas con el 1-1. Lejos de conformarse con la paridad burocrática, Egipto olió la sangre y aplicó la estocada de la remontada al minuto 67. Ziko se vistió de asistente y filtró una diagonal hacia el callejón interior derecho, donde Mohamed Salah —el astro que actualmente califica sin equipo tras expirar su contrato con el Liverpool— controló la de gajos y desenfundó un zurdazo cruzado y estético al segundo poste para clavar el 2-1, firmando su gol 68 en el plano internacional para quedar a un solo grito del récord de su seleccionador.
El cerrojo definitivo a la velada canadiense se esculpió al minuto 82. El propio Salah frotó la lámpara desde el vértice perimetral al ejecutar un tiro de esquina envenenado que el ingresado Trézéguet capitalizó con una espectacular "palomita" en el área chica, firmando el 3-1 definitivo. La salida de Salah al minuto 85 para dar entrada a Hossam Abdelmaguid desató una ovación atronadora de los miles de aficionados presentes en Vancouver, consagrando un triunfo que sepulta el amargo registro de cinco derrotas y tres empates acumulados desde Italia 1934. Con 4 unidades en el casillero oficial, Egipto asume el comando absoluto del bloque y buscará sellar su pasaporte logístico a los dieciseisavos de final el próximo viernes ante Irán, mientras que Nueva Zelanda se hunde en el fondo de la tabla con un solo punto.
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