miércoles, enero 21, 2026

Los Knicks tocan el cielo en el Garden y escriben la noche más humillante para Brooklyn

Nueva York se reconcilia con su afición con una paliza histórica que desnuda la crisis de los Nets


Foto: Getty Images via AFP


El Madison Square Garden fue escenario de una noche extrema, de esas que quedan grabadas en la memoria colectiva de una franquicia. Los New York Knicks no solo cortaron una racha de cuatro derrotas consecutivas: aplastaron 120-66 a los Brooklyn Nets, firmando la mayor victoria en la historia del equipo, un golpe de autoridad que funcionó como catarsis ante su público y como un severo diagnóstico para su rival de ciudad.


La magnitud del resultado no admite matices. Los 54 puntos de diferencia superaron cualquier antecedente previo en la historia de los Knicks, dejando atrás las palizas de 48 unidades propinadas a Philadelphia en 1972 y 1994. Brooklyn, por su parte, firmó su peor producción ofensiva de la temporada, incapaz de competir desde el primer cuarto.


El partido quedó prácticamente sentenciado en los primeros 12 minutos. Nueva York cerró el periodo inicial 38-20, imponiendo un ritmo imposible de seguir para unos Nets que nunca encontraron respuestas. A partir de ahí, el encuentro se transformó en una exhibición coral del equipo dirigido por Mike Brown, que atacó con paciencia, defendió con rigor y castigó cada error del rival.


Jalen Brunson fue el rostro del dominio. El base, recientemente elegido titular del All-Star del Este, lideró con 20 puntos, cinco asistencias y cuatro rebotes, manejando el partido con una naturalidad que reflejó la diferencia de jerarquía entre ambos equipos. Cada penetración, cada cambio de ritmo, reforzó la sensación de que los Knicks jugaban en su hábitat natural.


El castigo se extendió desde el perímetro y el rebote. Nueva York firmó un 50% de efectividad en triples (16 de 32) y dominó los tableros 63-36, dos cifras que explican por qué Brooklyn jamás pudo siquiera insinuar una reacción. El banquillo fue otro factor determinante: 59 puntos desde la segunda unidad contra apenas 30 del lado visitante. Landry Shamet, perfecto desde el perímetro, aportó 18 puntos, mientras McBride añadió 14 con energía constante.


Del lado de los Nets, la noche fue cuesta arriba desde el inicio. El equipo dirigido por Jordi Fernández jugó siempre a contracorriente, sin fluidez ni confianza. Porter Jr. fue el máximo anotador con 17 puntos, seguido por Williams con 11, cifras insuficientes en un contexto de colapso colectivo. El ex madridista Guerschon Yabusele apenas pudo sumar dos unidades, reflejo de una ofensiva totalmente neutralizada.


La diferencia llegó a ser tan amplia que, a falta de un minuto, Nueva York estuvo a una canasta de doblar en puntos a Brooklyn, una imagen demoledora para un derbi históricamente cargado de orgullo.


Para los Knicks, la victoria significó algo más que una estadística: fue una reconciliación con su afición, que días atrás había mostrado su frustración con abucheos. Para los Nets, en cambio, fue una noche de alarma absoluta, una derrota que expone la profundidad de su crisis y deja heridas difíciles de disimular.

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