En un cierre no apto para cardíacos, Buffalo remontó una desventaja en el último minuto para vencer 27-24 a los Jaguars. Una intercepción final y la brutal efectividad de Allen sellaron el boleto.
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| foto: AP Photo/Chris O’Meara |
Durante años, la narrativa perseguía a Josh Allen: una bestia en casa, pero vulnerable cuando los playoffs lo obligaban a hacer las maletas. Este domingo, en el TIAA Bank Field, esa historia se reescribió. En un duelo de volteretas violentas y nervios de acero, los Buffalo Bills derrotaron 27-24 a los Jacksonville Jaguars, sellando su pase a la Ronda Divisional en un partido que se definió, literalmente, en el último suspiro.
El encuentro fue un ejercicio de resistencia. Buffalo pegó primero, casi tímidamente, con un gol de campo en el cuarto inicial que, a la postre, sería la diferencia matemática del encuentro. Pero Jacksonville, impulsado por su gente, respondió en el segundo periodo. Trevor Lawrence, mostrando madurez, conectó con el novato sensación Brian Thomas para revertir la pizarra (7-3). La respuesta de Allen no tardó: con esa dualidad que lo hace una pesadilla defensiva, acarreó el balón dos yardas para devolver la ventaja a la visita (10-7) antes del descanso. El momento clave de la primera mitad llegó cuando Cam Little, pateador de los Jaguars, erró un intento de gol de campo; esos tres puntos perdidos penarían como una losa al final de la tarde.
El tercer cuarto fue un tenso intercambio de artillería pesada y goles de campo que mantuvo el marcador cerrado, pero el cuarto periodo desató la locura. Fue un auténtico "toma y daca". Lawrence encontró las diagonales para poner el 17-13, encendiendo la esperanza local. Josh Allen, frío como el invierno de Buffalo, respondió conectando con su ala cerrada Dalton Kincaid para el 20-17.
Los Jaguars, vendiendo cara la derrota, parecían dar el golpe de nocaut con menos de cuatro minutos en el reloj: Lawrence habilitó a Travis Etienne y Jacksonville se puso arriba 24-20. El estadio era una caldera. Todo estaba puesto para la tragedia de los Bills, pero Allen tenía otros planes.
Con la temporada en la línea y apenas un minuto en el cronómetro, Josh Allen ejecutó una serie ofensiva clínica. Asumiendo la responsabilidad total, el '17' de los Bills volvió a castigar por tierra, ingresando a la zona de anotación para el 27-24 definitivo. Allen cerró la noche con números de MVP: 273 yardas aéreas, tres touchdowns totales (uno por aire, dos por tierra) y un dato histórico: se convirtió en el primer jugador en la historia de la NFL en completar más del 80% de sus pases y correr para múltiples anotaciones en un juego de postemporada.
Jacksonville tuvo 40 segundos para un milagro. Lawrence buscó la banda, intentó mover las cadenas, pero la defensiva de Sean McDermott, tantas veces cuestionada, apareció cuando más importaba. Una intercepción en la yarda 35 propia apagó las luces en Florida y silenció a la afición felina.
Buffalo sobrevive. No fue bonito, pero fue efectivo. Ahora, los Bills esperan en el balcón, aguardando al ganador del duelo entre Patriots y Chargers para conocer su destino en la Ronda Divisional. Por hoy, Josh Allen ya sabe lo que es ganar fuera de casa en enero.
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