Adalberto Carrasquilla encendió la esperanza en C.U., pero un descuido en la salida permitió a Mateo Coronel silenciar el Olímpico Universitario. La era de Efraín Juárez inicia bajo presión.
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| Foto: Getty Images |
El fútbol en el Pedregal suele ser un ciclo de renovación de esperanzas que, con demasiada frecuencia, choca contra la realidad de sus propios fantasmas. En el arranque del Clausura 2026, Pumas presentó caras nuevas, un portero de jerarquía mundial como Keylor Navas y el debut de fichajes prometedores, pero el resultado fue el mismo sabor metálico de la frustración. El empate 1-1 ante Querétaro no solo significó dejar ir dos puntos en casa, sino la primera llamada de atención severa para el proyecto de Efraín Juárez.
El mediodía en Ciudad Universitaria pesó. Los primeros 45 minutos fueron el típico retrato de la jornada 1: piernas duras por la pretemporada y falta de sincronía fina. Pumas intentó proponer, empujado por el ímpetu de los debutantes Juninho, César Garza y Robert Morales, quienes intentaron descifrar el cerrojo de unos Gallos Blancos que llegaron a la capital con el librillo del orden bajo el brazo. A pesar de los intentos de Jordan Carrillo y Alan Medina, el arco rival parecía lejano, mientras que del otro lado, Keylor Navas apenas vigilaba un remate de Carcelén que voló por encima del travesaño.
La electricidad llegó, como suele ocurrir en C.U., tras el descanso. Apenas al minuto 49, el panameño Adalberto 'Coco' Carrasquilla rompió el guion. El mediocampista, que tiene la mira puesta en el Mundial, prendió una volea de derecha desde fuera del área. El balón, caprichoso, se desvió en la defensa queretana para colarse en la red y decretar el 1-0. El Olímpico estalló; parecía que la tarde se teñía de oro y azul.
Pumas tuvo el partido en el puño. Jordan Carrillo, incisivo pero errático, tuvo en sus botines el 2-0 que hubiera sentenciado la historia, pero perdonó. Y en la Liga MX, el perdón es una sentencia de muerte.
Al minuto 71, los viejos vicios reaparecieron. Un error en la salida, ese pecado capital que Pumas no logra exorcizar, dejó mal parada a la defensa. Jean Unjanque, atento a la presión, recuperó y sirvió para que Mateo Coronel definiera con frialdad dentro del área, venciendo la estirada de Navas. El 1-1 cayó como una losa de concreto sobre el ánimo universitario.
Los minutos finales fueron un quiero y no puedo. Efraín Juárez movió sus piezas buscando una reacción heroica, lanzando al equipo al ataque con más corazón que fútbol, pero la precisión brilló por su ausencia. Querétaro, con el botín en la bolsa, cerró filas y aguantó el chaparrón.
El silbatazo final no trajo aplausos, sino una sonora rechifla. La afición, exigente y cansada de promesas, despidió al equipo con abucheos. El calendario no ofrece tregua: se vienen visitas de alto calibre contra el subcampeón Tigres y posteriormente ante León. Pumas inicia el 2026 con un punto que sabe a poco y con la certeza de que, para aspirar a algo serio, debe matar los partidos cuando tiene la oportunidad.
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