Un arranque demoledor y la jerarquía de Donovan Mitchell marcaron el rumbo de un triunfo trabajado como visitante
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| Foto: AP Photo/Nell Redmond |
Los Cleveland Cavaliers no ganaron este partido desde el talento puro, sino desde la autoridad defensiva y la lectura emocional del juego. En el Spectrum Center, el equipo de Ohio construyó una ventaja temprana que parecía definitiva, soportó una reacción tardía y terminó imponiéndose 94-87 a los Charlotte Hornets, en una noche que volvió a confirmar a Donovan Mitchell como el termómetro competitivo del equipo.
El partido se definió, en gran medida, durante los primeros 12 minutos. Cleveland abrió el encuentro con una ejecución casi perfecta: 11 de 15 tiros de campo en el primer cuarto y una presión asfixiante sobre el balón que desarticuló por completo a Charlotte. Esa combinación produjo una ventaja de 21 puntos, un margen que no solo fue numérico, sino psicológico. Los Hornets nunca lograron sentirse cómodos.
Mitchell fue el rostro de ese dominio inicial. Anotó 14 de sus 24 puntos en la primera mitad, castigando cada desajuste defensivo y acelerando el ritmo cuando el partido lo pedía. A su lado, Evan Mobley volvió a demostrar por qué es una pieza estructural del proyecto: 14 puntos y 14 rebotes, muchos de ellos en tráfico, cerrando segundas oportunidades y sosteniendo la ventaja cuando la ofensiva entró en pausas.
La defensa de Cleveland fue el hilo conductor de la noche. Los Cavaliers limitaron a Charlotte a 32 puntos en toda la primera mitad, con un 26% de efectividad en tiros de campo, forzando pérdidas poco habituales y lanzamientos apresurados. El segundo cuarto fue especialmente revelador: los Hornets apenas sumaron 12 puntos, igualando su peor registro de la temporada.
En el complemento, el partido cambió de tono. Charlotte apostó por el juego de transición y encontró aire a partir de conexiones verticales, especialmente con Brandon Miller, quien terminó como el máximo anotador local con 24 puntos, y Kon Knueppel, que firmó 21 unidades y 11 rebotes. El empuje fue real: dos alley-oops consecutivos y una defensa más agresiva redujeron la diferencia de manera progresiva.
A falta de 13 segundos, Charlotte llegó a colocarse a cuatro puntos, encendiendo la arena. Sin embargo, ahí volvió a aparecer el control de Cleveland. La experiencia de Mitchell, el rebote defensivo de Mobley y la serenidad colectiva evitaron el colapso. Los Cavaliers cerraron el partido desde la ejecución, no desde el espectáculo.
Un dato que explica el resultado: Charlotte lanzó 8 de 46 en triples y fue superado 60-47 en los rebotes, dos áreas donde Cleveland fue constante durante los 48 minutos. Además, la decisión de llevar a LaMelo Ball desde la banca no dio resultados: terminó con 4 puntos y 1 de 15 en tiros, una noche cuesta arriba para el base.
Con esta victoria, Cleveland logró su quinta victoria como visitante en los últimos seis partidos, confirmando que su identidad defensiva viaja bien y que, cuando marca el ritmo desde el inicio, es un equipo extremadamente difícil de remontar.
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