Minnesota envió un mensaje contundente al resto de la liga al vencer 131-122 a los Cavaliers a domicilio. Anthony Edwards y un ataque coral desmantelaron una de las mejores defensas del Este.
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| foto: Matt Krohn/AP |
Decir que los Minnesota Timberwolves ganaron en Cleveland sería quedarse corto; lo que sucedió anoche en el Rocket Mortgage FieldHouse fue una exhibición de poderío ofensivo pocas veces vista esta temporada. Vencer a los Cleveland Cavaliers (131-122) en su propia casa es mérito suficiente, pero hacerlo anotando más de 30 puntos en cada cuarto es una declaración de guerra: los Wolves no solo muerden en defensa, ahora también devoran en ataque.
La demolición táctica Cleveland se enorgullece de su defensa interior con Mobley y Allen, pero anoche Minnesota los sacó de su zona de confort. Chris Finch planteó un partido de ritmo vertiginoso, negándose a jugar en media cancha. Anthony Edwards fue la punta de lanza, atacando el aro sin piedad y cargando de faltas a los hombres grandes de los Cavs temprano en el juego.
Pero la clave no fue solo "Ant-Man". La rotación de balón de los Wolves fue exquisita. Encontraron tiradores liberados en las esquinas cada vez que la defensa de Cleveland intentaba ayudar en la pintura. Los 131 puntos finales son el resultado de un equipo que encontró el equilibrio perfecto entre el vértigo y la precisión.
Cleveland, sin respuesta Los Cavs, liderados por un Donovan Mitchell que luchó contra la corriente, intentaron responder con fuego, pero su defensa —usualmente su carta de presentación— hizo agua. Permitir 131 puntos en casa es una señal de alarma para JB Bickerstaff. Anoche, la "Torre Gemela" de Ohio pareció pequeña ante la avalancha que bajó desde el Norte. Minnesota se confirma como un contendiente serio, capaz de ganar feo o, como anoche, dando un espectáculo de luces.
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