Sin piedad en el Norte. Minnesota confirma su estatus de contendiente al desmantelar al Heat con una exhibición defensiva y un ataque balanceado. Jimmy Butler, borrado de la cancha.
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| Foto: Bruce Kluckhohn-Imagn Images |
Si alguien tenía dudas sobre la capacidad de los Minnesota Timberwolves para dominar a equipos de élite, esta noche quedaron disipadas. El Target Center fue una fortaleza inexpugnable donde el Miami Heat vino a morir por congelación: 122-94 fue el resultado final de una masacre deportiva.
Desde el salto inicial, la diferencia física fue abismal. Anthony Edwards atacó el aro con una ferocidad que la defensa de zona de Miami nunca pudo descifrar, terminando como máximo anotador. Pero la clave estuvo atrás: Rudy Gobert y Karl-Anthony Towns cerraron el aro, obligando a Miami a tirar forzado y desde lejos toda la noche.
El Heat, conocido por su "Cultura" de esfuerzo, simplemente se vio superado en talento y energía. Para el tercer cuarto, con la ventaja superando los 25 puntos, Erik Spoelstra tiró la toalla y vació la banca. Minnesota envía un mensaje claro al resto de la liga: en casa, son una aplanadora.
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