En un duelo de trincheras donde nadie regaló un centímetro, Phoenix aprovechó la desastrosa noche de New Orleans desde la línea de castigo para imponerse 115-108 en los minutos finales.
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| Foto: Matthew Hinton-Imagn Images |
Hay victorias que se ganan con espectáculo y otras que se construyen con paciencia y ajuste táctico. La noche del viernes en el Smoothie King Center, los Phoenix Suns optaron por la segunda vía. En un partido áspero, donde ningún equipo logró despegarse por doble dígito hasta el suspiro final, los Suns mostraron su jerarquía en los últimos dos minutos para vencer 115-108 a los New Orleans Pelicans.
El triunfo de Phoenix (17-13) no fue producto de la perfección, sino de la resiliencia. El equipo visitante supo "aguantar la tormenta" en un entorno hostil para propinar a los Pelicans (8-24) su primera derrota en casa desde principios de diciembre, cortando de paso una racha positiva de cuatro victorias consecutivas en "El Blender" ante rivales como Portland, Houston, Indiana y Dallas.
El pecado capital: 17 tiros libres fallados Si bien el cierre de Phoenix fue quirúrgico, la derrota de New Orleans se explica en gran medida desde la línea de los suspiros. En una estadística lapidaria para un partido tan cerrado, los Pelicans conectaron apenas 25 de 42 tiros libres. Esos 17 puntos dejados en el camino fueron oxígeno puro para unos Suns que no perdonaron en el otro costado.
Zion Williamson lideró a los locales con 20 puntos, mostrando su habitual potencia en la pintura, secundado por los 19 puntos de Trey Murphy. Sin embargo, el esfuerzo fue insuficiente. Los Pelicans jugaron cuesta arriba la mayor parte de la noche; su ventaja más grande fue de apenas cinco puntos y cerraron los primeros tres cuartos abajo en el marcador por 3, 5 y 3 puntos, respectivamente.
Ajuste y ejecución: La clave de los Suns El partido se definió en el cuarto periodo, el cual Phoenix ganó con un parcial de 34-28. Tras una primera mitad donde los Suns lucharon por encontrar ritmo —viendo cómo tiros accesibles se salían del aro y las posesiones se estancaban—, el equipo simplificó su ofensiva en la segunda parte.
El balón comenzó a circular con mayor velocidad, mejorando el espaciado (spacing) y permitiendo que la ofensiva dejara de perseguir puntos para empezar a crearlos. Defensivamente, Phoenix capitalizó esa claridad: sus paradas defensivas se transformaron en oportunidades de transición, evitando que New Orleans pudiera establecer su asfixiante defensa de media cancha.
Un final de infarto El encuentro llegó al alambre en los últimos dos minutos. Fue ahí donde la experiencia de los Suns pesó más. Con el marcador en el aire, Phoenix ejecutó jugadas clave en ambos lados de la duela (clutch plays), congelando el ímpetu de un rival que había convertido su arena en una fortaleza durante las últimas semanas.
Para los aficionados de Phoenix, esta victoria es un bálsamo tranquilizador. Lejos de ser un triunfo dominante o llamativo, fue una demostración de capacidad para identificar problemas en tiempo real y corregirlos sin pánico, una cualidad indispensable para aspirar a cosas grandes en la Conferencia Oeste.
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