Aunque la estrella de Boston escribió su nombre junto a la leyenda de la franquicia con una actuación ofensiva brutal, la ineficacia perimetral de los campeones y un cierre "clutch" de Caleb Love permitieron a Portland salir del bache y tumbar al gigante del Este.
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| foto: Soobum Im-Imagn Images |
En la NBA, las noches históricas no siempre vienen acompañadas de confeti. Este domingo en el Moda Center, Jaylen Brown tocó el cielo estadístico al empatar una marca del mítico Larry Bird, pero los Portland Trail Blazers se encargaron de arruinar la celebración, imponiéndose 114-108 a los Boston Celtics en un duelo vibrante que rompió la lógica de las rachas con las que ambos equipos llegaban.
El récord de Brown y la pólvora mojada de Boston: Jaylen Brown fue una fuerza imparable sobre la duela. Con 37 puntos y una eficiencia notable de 14 encestes en 23 intentos, el alero registró su noveno partido consecutivo anotando 30 o más unidades. Con esto, igualó el récord de la franquicia establecido por Larry Bird, dejando atrás la marca de siete juegos de Paul Pierce.
Sin embargo, el brillo individual de Brown no pudo ocultar las carencias colectivas de Boston esa noche. Los Celtics, que vieron cortada su racha de cuatro victorias al hilo, sufrieron horrores desde la larga distancia, lanzando un gélido 29% en triples (13 de 45). Ni siquiera el regreso de Anfernee Simons al escenario donde comenzó su carrera sirvió de amuleto; el ahora escolta de los Celtics aportó 13 puntos desde la banca en su primer enfrentamiento contra su ex equipo, sumándose a la producción del novato español Hugo González (13 puntos), pero el esfuerzo fue insuficiente.
La rebelión de los Blazers Portland (que arrastraba tres derrotas consecutivas) basó su triunfo en un esfuerzo coral y en el dominio físico. Shaedon Sharpe lideró la carga ofensiva con 26 puntos, castigando desde el perímetro con cinco triples. Pero el verdadero equilibrio lo trajo Deni Avdija, quien coqueteó con el triple-doble al firmar 24 puntos, 10 asistencias y 7 rebotes, manejando los hilos de la ofensiva local.
Bajo los tableros, el novato Donovan Clingan fue un coloso. El pívot registró un monstruoso doble-doble de 18 puntos y 18 rebotes, cerrando la pintura y ganando segundas oportunidades vitales para su equipo.
El partido fue una montaña rusa. Boston se fue al descanso con ventaja de 63-55, pareciendo tener el control. No obstante, Portland regresó del vestidor con otra mentalidad, llevándose el tercer cuarto 31-22 y cambiando la inercia del juego.
El drama llegó en los minutos finales. Una bandeja de Derrick White empató el marcador 100-100 con 4:47 en el reloj, presagiando un cierre de fotografía. Fue entonces cuando apareció Caleb Love (18 puntos desde la banca). Con 4:30 por jugar, Love conectó un triple decisivo que le devolvió la ventaja a los Blazers, una que ya no soltarían gracias a su ejecución defensiva en las posesiones finales.
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