En el primer ensayo rumbo al Clausura 2026, el Guadalajara disipó dudas con un contundente 4-0 sobre la Trinca Fresera; los refuerzos respondieron de inmediato y la afición rojiblanca convirtió el Sergio León Chávez en una sucursal del Akron tras más de una década de ausencia.
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| Foto: @Chivas |
Hay romances que la distancia no enfría, y el de las Chivas de Guadalajara con su afición en el Bajío es uno de ellos. Este domingo, el Estadio Sergio León Chávez fue testigo no solo de un partido de preparación, sino de una declaración de intenciones. En el amanecer del proyecto de Gabriel Milito y de cara al Clausura 2026, el Rebaño Sagrado goleó 4-0 al Club Irapuato en un encuentro que sirvió para presumir el músculo de sus refuerzos y la profundidad de su cantera.
La expectativa estaba puesta en las caras nuevas, y no decepcionaron. Ángel Sepúlveda, enfundado nuevamente en la camiseta rojiblanca, tardó menos de diez minutos en justificar su regreso. Lejos de ser un delantero estático, el "Cuate" fungió como un poste de lujo y un orquestador ofensivo.
Al minuto 9, Sepúlveda filtró un servicio quirúrgico para Roberto "Piojo" Alvarado, quien no perdonó para inaugurar el marcador y desatar la locura en la tribuna. Chivas dominó los tiempos, mostrando una fluidez inusual para un primer duelo de pretemporada. Antes del descanso, al 41', la fórmula se repitió: Sepúlveda, leyendo el juego a la perfección, asistió a Richard Ledezma, quien amplió la ventaja poniendo el 2-0 y dejando claro que la ofensiva tapatía tiene nuevas variantes. También vio minutos el refuerzo Brian Gutiérrez, quien comenzó a mostrar destellos de su calidad.
Para el complemento, Gabriel Milito movió sus piezas, dando entrada a la sangre joven que busca un lugar en el primer equipo. La intensidad no decayó. Apenas arrancando el segundo tiempo (minuto 49), el juvenil Samir Inda firmó una pintura de gol: un derechazo espectacular tras un pase de Camberos que dejó sin oportunidades al arquero de la Trinca Fresera.
La cuenta la cerró Sergio Aguayo, quien aprovechó una asistencia de Ricardo Marín —otro que volvió a pisar el césped con la rojiblanca— para decretar el 4-0 definitivo. Fue una tarde redonda en lo deportivo, donde el Guadalajara fue amo y señor de las acciones ante un equipo de la Liga de Expansión que, pese al esfuerzo, se vio superado por la jerarquía del rival.
Tenía casi 11 años que Chivas no pisaba este césped (desde el 24 de febrero de 2015 en Copa MX), y la afición respondió con un lleno pletórico, banderas y cánticos que hicieron sentir al equipo como local.
Sin embargo, la fiesta deportiva tuvo un lamentable prólogo. Reportes de seguridad confirmaron una riña entre las barras de ambos equipos sobre la Avenida Guerrero antes del silbatazo inicial. Un conato de bronca que, afortunadamente, no pasó a mayores dentro del inmueble, pero que queda como el punto negro de una jornada que, en la cancha, fue perfecta para el Guadalajara.
Con este resultado, Chivas envía un mensaje de optimismo: hay goles, hay variantes y, sobre todo, hay un equipo conectado con la idea de su entrenador.
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