Con 30 puntos de 'Durantula' en solo tres cuartos, Houston despedazó 117-100 a Cleveland. Los Cavs, sin respuestas ni espíritu, suman su quinta derrota en siete juegos y encienden las alarmas de crisis.
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| Foto: AP |
Si la derrota navideña ante los Knicks dejó un sabor amargo pero con destellos de esperanza por el esfuerzo mostrado, el viaje a Texas borró cualquier rastro de optimismo. Los Cleveland Cavaliers no solo perdieron; fueron exhibidos, desmantelados y, por momentos, humillados por unos Houston Rockets que, de la mano de un Kevin Durant en modo MVP, se impusieron con un contundente 117-100 que maquilló la verdadera distancia entre ambos conjuntos.
Lo que se vio la noche del sábado en el Toyota Center fue el choque de dos realidades opuestas: un equipo con aspiraciones legítimas al título y otro que parece haber aceptado prematuramente su irrelevancia.
El show de KD y el colapso del tercer cuarto: Kevin Durant no necesitó jugar el último periodo para dictar sentencia. El alero firmó una actuación clínica con 30 puntos, 7 asistencias y 4 rebotes, encestando 11 de 17 tiros de campo. Fue una eficiencia quirúrgica ante la que Cleveland no tuvo antídoto.
El partido se rompió definitivamente en el tercer cuarto. Tras una canasta de Darius Garland que recortó la desventaja a 12 puntos, los Cavs sencillamente desaparecieron de la duela. Houston respondió con una racha devastadora de 15-0 que amplió la brecha de 12 a 27 puntos en cuestión de minutos.
Durante ese lapso, la frustración se apoderó de la banca visitante. Tras una clavada de Durant que hizo explotar la arena, el entrenador Kenny Atkinson recibió una falta técnica por gritar a los oficiales, un gesto de impotencia ante la avalancha que se le venía encima. Jabari Smith Jr. y Dean Wade intercambiaron triples al final de la racha, pero el daño, tanto en el marcador (85-58) como en la moral, ya era irreversible.
Donovan Mitchell intentó, por pura voluntad individual, sacar a su equipo del fango, pero cayó en sus peores vicios: forzar jugadas. 'Spida' terminó con 16 puntos y 6 asistencias, pero con un ineficiente 7 de 17 en tiros. Su lenguaje corporal, al igual que el del resto de los titulares, denotaba una desconexión alarmante.
La única nota "positiva" para Cleveland llegó en los minutos de la basura, donde el novato Jaylon Tyson aprovechó para registrar 23 puntos y un récord personal de 14 rebotes. Sin embargo, sus números sirvieron poco más que para la estadística personal en una noche para el olvido.
El diagnóstico para Cleveland es preocupante. Han perdido cinco de sus últimos siete compromisos y el equipo luce sin "urgencia", una cualidad imperdonable en la NBA. Esa racha de 15-0 en contra no fue un accidente, sino un síntoma de una enfermedad mayor: cuando las cosas salen mal, los Cavs tardan una eternidad en responder.
Si esta semana servía como vara de medir, la conclusión es clara: los Rockets (que ligan su segunda victoria tras un bache) pertenecen a la élite, mientras que los Cavaliers necesitan sacudir el roster o replantear su proyecto si quieren evitar que la temporada se convierta en un desperdicio total.
Cleveland cerrará su gira el lunes ante los San Antonio Spurs, en lo que ya no parece un trámite, sino un examen de carácter urgente.
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