martes, enero 27, 2026

El último cuarto lo cambió todo: Knicks someten a Kings en el Garden

Nueva York aceleró cuando más importaba y selló su tercera victoria consecutiva pese a una noche incendiaria de DeMar DeRozan


Foto: AP


Los New York Knicks encontraron la fórmula cuando el partido exigía precisión y colmillo. Tras tres cuartos de máxima paridad, el equipo neoyorquino dominó el periodo final para firmar una victoria contundente de 103-87 sobre los Sacramento Kings en el Madison Square Garden, resultado que significó su tercer triunfo consecutivo y la victoria número 28 de la temporada.


Durante 36 minutos, el encuentro fue una pulseada constante. Sacramento, golpeado por las ausencias de Zach LaVine, Keegan Murray y Malik Monk, encontró en DeMar DeRozan su principal —y casi único— sostén ofensivo. El veterano escolta asumió la responsabilidad desde el primer cuarto, atacando desde el drible, castigando la media distancia y manteniendo a los Kings a flote incluso cuando la ofensiva colectiva se estancaba.


El marcador reflejaba esa batalla cerrada: 72-72 al final del tercer cuarto, con la sensación de que cualquier error podía inclinar la balanza. Fue entonces cuando los Knicks mostraron su mejor versión.


Nueva York salió al último periodo con claridad absoluta. Karl-Anthony Towns abrió el cuarto con un triple y volvió a castigar desde el perímetro para cerrar una racha inicial de 8-2 que desató al Garden y comenzó a marcar distancia. A partir de ahí, los Knicks impusieron ritmo, fortaleza física y una ejecución ofensiva que Sacramento ya no pudo seguir.


El parcial final fue devastador: 31-15 a favor de Nueva York, una diferencia que explica por sí sola el desenlace. Jalen Brunson tomó el control del partido, atacó los espacios y cerró la noche con 28 puntos, liderando a un equipo que entendió cuándo acelerar y cuándo bajar el balón para asegurar cada posesión.


Mikal Bridges aportó 18 unidades, mientras que Towns completó un doble-doble de 17 puntos y 11 rebotes en apenas 27 minutos, una carga menor a la habitual pero suficiente para marcar diferencia en los momentos decisivos.


El esfuerzo de DeMar DeRozan fue tan brillante como solitario. El escolta terminó con 34 puntos, producto de 13 de 26 en tiros de campo, y mantuvo a los Kings en la pelea hasta bien entrado el último cuarto. A sus 36 años y en su temporada 17 en la liga, volvió a demostrar que su repertorio ofensivo sigue intacto, incluso ante una defensiva diseñada para contener a jugadores de su perfil.


Sin embargo, la falta de acompañamiento fue determinante. Sacramento apenas convirtió 5 de 30 triples (16.7%), y aunque Russell Westbrook sumó 14 puntos, el perímetro nunca encontró consistencia. DeRozan y Westbrook se combinaron para 3 de 16 desde larga distancia, una cifra que terminó pesando demasiado.


Los Knicks no estuvieron exentos de problemas. Cometieron 21 pérdidas de balón, su cifra más alta de la temporada, varias de ellas sin presión directa. Sacramento capitalizó 20 puntos a partir de esos errores, manteniéndose con vida más tiempo del esperado. Pero cuando el partido exigió control, Nueva York ajustó, defendió mejor y dejó sin oxígeno a su rival.


El triunfo también tuvo un matiz especial desde el banquillo: Mike Brown consiguió su primera victoria como entrenador de los Knicks frente a Sacramento, el equipo que lo despidió la temporada pasada, cerrando así un capítulo simbólico en su carrera.


Más allá del marcador, la victoria refuerza la sensación de que los Knicks saben competir en escenarios de presión. Supieron resistir una actuación individual extraordinaria, castigaron las debilidades del rival y fueron implacables cuando el partido lo permitió. En una Conferencia Este cada vez más exigente, este tipo de cierres son los que separan a los equipos serios del resto.

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