Ante 23,000 espectadores en el estadio Arthur Ashe, Roger Federer venció 6-3 a Andy Roddick en un partido de exhibición cargado de nostalgia previo al arranque del US Open.
![]() |
| Foto: |
Nueva York se rindió de nuevo ante su majestad. Siete años después de su última aparición oficial en Flushing Meadows, Roger Federer volvió a pisar el cemento del estadio Arthur Ashe para protagonizar una noche histórica cargada de nostalgia, tenis de alta alcurnia y una despedida tardía que Nueva York le debía al genio de Basilea. Ante una abarrotada grada con 23,000 espectadores entregados desde el segundo uno, el helvético se vistió de corto a los 45 años para disputar un partido de exhibición frente a su viejo rival y amigo, el estadounidense Andy Roddick.
El evento, titulado con justicia "An Icon Returns to New York", sirvió como un homenaje monumental a la carrera del ganador de 20 títulos de Grand Slam, quien nunca tuvo una despedida formal sobre las pistas neoyorquinas tras su retiro en 2022. Desde su ingreso a la pista central, la atmósfera se impregnó de magia. Los asistentes revivieron en pantallas gigantes los momentos más icónicos del suizo en el Abierto de Estados Unidos, donde conquistó cinco títulos consecutivos entre 2004 y 2008.
En lo estrictamente deportivo, el duelo a un set pactado ante Roddick demostró que la elegancia no caduca. Con destellos de su inconfundible revés a una mano y una derecha impecable, Federer quebró en el octavo juego para inclinar la balanza y sellar la victoria por 6-3 en 35 minutos de puro deleite visual. Tras el compromiso individual, la velada continuó con un atractivo dobles donde Federer hizo pareja con la leyenda John McEnroe para imponerse 7-5 frente a la dupla conformada por Roddick y Andre Agassi.
La grada, engalanada con gorras del logotipo "RF" y la presencia de figuras como Serena Williams y Carlos Alcaraz en las inmediaciones, coreó el nombre del suizo mientras un espectáculo de drones iluminaba el cielo de Flushing Meadows. Con este memorable reencuentro a pocos días de su inducción al Salón de la Fama del Tenis, Roger Federer cerró una deuda pendiente con la Gran Manzana, confirmando que, aunque el circuito profesional quedó atrás, su legado en Nueva York es eterno.
%2010.51.21%E2%80%AFa.m..png)


















