El tenista alemán se impuso al estadounidense por 6-3, 7-6 (2), 5-7 y 6-2 para alzar su segundo título de Grand Slam del año, en una definición marcada por su insólita confusión en el punto de campeonato.
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La historia en el deporte de alto rendimiento suele regalar segundas oportunidades a aquellos que aprenden a convocar a sus propios fantasmas para derrotarlos de una vez por todas. Alexander Zverev llegó a la gran final del US Open 2026 con una cuenta pendiente fechada en el año 2020, cuando dejó escapar una ventaja de dos sets ante Dominic Thiem sobre el cemento del Arthur Ashe Stadium. En frente, el escenario no era menos intimidante: Ben Shelton, impulsado por el fervor de todo un país que buscaba romper una sequía de títulos locales varoniles en Flushing Meadows que databa de 2003, encarnaba el desafío definitivo bajo una atmósfera hostil y vibrante.
El número dos del mundo construyó su consagración desde la solidez táctica y la jerarquía de su servicio. Desde el primer parcial, el alemán impuso condiciones con tiros profundos, limitando los espacios de reacción para un Shelton que intentaba proponer un juego dinámico desde el fondo de la cancha. El 6-3 inicial reflejó el control absoluto del europeo, quien no tardó en trasladar su dominio al segundo set. Aunque el estadounidense elevó la intensidad y llevó el parcial al tie-break, la frialdad y precisión milimétrica de Zverev en los momentos de máxima presión decantaron la balanza por un categórico 7-6 (2).
La resistencia local encontró un respiro en el tercer capítulo. Con el apoyo ensordecedor de una grada volcada y figuras de la NBA observando desde las tribunas, Shelton quebró el saque del germano en el tramo final para adjudicarse el set por 5-7 y avivar la esperanza de una remontada épica. Sin embargo, la reacción careció de continuidad. Lejos de ceder ante el impulso anímico del rival, Zverev ajustó piezas de inmediato, firmó un quiebre tempranero en el cuarto parcial y administró la ventaja con solvencia quirúrgica para sentenciar el pleito con un lapidario 6-2 tras más de tres horas y media de batalla.
El desenlace dejó una estampa insólita que recorrió los portales deportivos del mundo: la concentración de Zverev era de tal magnitud que, tras sellar el punto de campeonato con su servicio, tardó unos segundos en comprender que el partido había terminado. Su reacción llegó únicamente al escuchar la ovación del público y mirar las pantallas gigantes, confirmando su segundo título de Grand Slam de la temporada tras su histórica consagración en Roland Garros.
Con este triunfo en Nueva York, el alemán sella un año de ensueño, entierra definitivamente los fantasmas del pasado y se consolida como la gran fuerza dominante del circuito mundial en los escenarios más exigentes.
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