jueves, marzo 26, 2026

Chequia remonta ante Irlanda y se jugará el boleto al Mundial 2026 ante Dinamarca tras una dramática tanda de penales

En una montaña rusa de emociones, la selección de Chequia se sobrepuso a un autogol temprano y una desventaja de dos tantos para empatar 2-2 y terminar venciendo 4-3 en penales a Irlanda. Ahora, los dirigidos por Miroslav Koubek se medirán a Dinamarca el próximo 31 de marzo por un lugar definitivo en el Mundial 2026.


Foto: @fifaworldcup_es


El fútbol tiene guiones que ni el mejor dramaturgo podría imaginar. En el corazón de Europa, la selección de Chequia protagonizó una de esas noches que se recordarán por décadas, no por la estética del juego, sino por la resiliencia pura. Tras verse contra las cuerdas con un 0-2 en contra antes de la media hora, los locales lograron forzar la prórroga y, finalmente, sellar su pase a la final del repechaje europeo al vencer 4-3 en penales a una Irlanda que vio cómo su sueño de volver a un Mundial tras 24 años se esfumaba entre los guantes de Matěj Kovář.


El Calvario de Kovář y la Reacción de Schick

La noche comenzó como una pesadilla para el portero del PSV Eindhoven. Al minuto 24, un autogol inverosímil de Kovář ponía el 0-2 para Irlanda, que ya celebraba tras un penal anotado previamente por Troy Parrott. El silencio en el estadio era sepulcral; los fantasmas de las eliminaciones pasadas sobrevolaban el campo.


Sin embargo, la respuesta fue inmediata. Apenas un minuto después del desastre defensivo, un penal provocado por un agarrón sobre Patrik Schick fue canjeado por gol por el propio delantero del Leverkusen. El 1-2 antes del descanso devolvió el alma al cuerpo de los checos y transformó el partido en un asedio constante sobre el arco irlandés.

Krejčí y la Épica del Minuto 86

Cuando los minutos se agotaban y la desesperación se apoderaba de la grada, apareció Ladislav Krejčí. El jugador del Wolverhampton, que ya había avisado en jugadas a balón parado, conectó un cabezazo certero a la salida de un córner botado por Michal Sadilek al minuto 86. El empate 2-2 mandó el partido a una prórroga de alta tensión donde el cansancio pesó más que el talento, abriendo la puerta a la definitiva tanda de penales.


Redención desde los Once Pasos

Fue ahí donde la figura de Matěj Kovář completó su metamorfosis. El guardameta que se había metido el balón en su propia puerta emergió gigante bajo los tres palos para detener los disparos de Azaz y Browne, los dos últimos tiradores de Irlanda. Con frialdad quirúrgica, los checos no fallaron y sellaron el 4-3 definitivo.


Chequia ahora tiene una cita con el destino: el próximo 31 de marzo, se enfrentarán a Dinamarca (que eliminó a Macedonia del Norte) en una final a partido único. El ganador tendrá asegurado su pasaporte para la cita mundialista de 2026 en Norteamérica.

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