Con defensa asfixiante y un tercer cuarto demoledor, los Warriors hunden más a unos Timberwolves en caída libre.
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| Foto: Matt Krohn/AP |
Los Golden State Warriors no solo ganaron en Minneapolis: impusieron autoridad. Con Stephen Curry como faro ofensivo y una defensa colectiva que rozó la perfección, Golden State aplastó 111-85 a los Minnesota Timberwolves, propinándoles su quinta derrota consecutiva, la peor racha de la franquicia en más de tres años.
El contexto ya era pesado antes del salto inicial. El partido había sido pospuesto un día por un hecho extradeportivo que sacudió a la ciudad y, antes del inicio, se guardó un minuto de silencio en memoria de Alex Pretti. El ambiente era solemne. Lo que siguió en la cancha fue un golpe de realidad para Minnesota.
Durante la primera mitad, el duelo se mantuvo competitivo. Minnesota encontró puntos a través de Anthony Edwards, agresivo al ataque y dominante en el rebote, mientras Golden State administraba el juego sin acelerar de más. Sin embargo, todo cambió tras el descanso.
El tercer cuarto fue el quiebre absoluto del partido. Los Warriors elevaron la presión defensiva, cerraron líneas de pase y convirtieron cada error rival en transición ofensiva. Minnesota se ahogó en pérdidas: Golden State forzó 20 robos, su cifra más alta de la temporada, y con ello rompió cualquier intento de reacción local. La ventaja, que era manejable, se convirtió rápidamente en una brecha insalvable.
Stephen Curry, pese a haber sido considerado dudoso por molestias en la rodilla, lideró con la autoridad de un veterano en control total del ritmo: 26 puntos y siete asistencias, además de cuatro robos, simbolizando el espíritu agresivo de su equipo. No fue una noche de volumen extremo, sino de eficiencia y lectura del juego, castigando cuando Minnesota desajustaba y moviendo el balón cuando la defensa colapsaba.
El respaldo fue clave. Moses Moody firmó una actuación sólida con 19 puntos y ocho rebotes, atacando los espacios generados por Curry, mientras Brandin Podziemski aportó equilibrio con 12 puntos, seis asistencias y cuatro robos, reflejo de un equipo que entiende que el éxito actual pasa por la intensidad defensiva.
Del lado de Minnesota, Edwards cerró con 32 puntos y 11 rebotes, una línea individual notable que, sin embargo, quedó aislada. Los Timberwolves no encontraron apoyo ofensivo consistente, ni soluciones ante la presión. El resultado fue histórico por lo negativo: 85 puntos, su menor producción en más de cuatro años y la primera vez esta temporada que no alcanzan los 100.
La derrota no es un hecho aislado. Minnesota (27-19) confirma una tendencia preocupante: competitivos por tramos, pero incapaces de sostener ejecución y concentración durante 48 minutos. Golden State (26-21), en cambio, sigue creciendo, ha ganado siete de sus últimos diez partidos y se coloca a medio juego de los Wolves en la lucha por el séptimo puesto del Oeste.
Para los Warriors, fue una victoria que reafirma identidad. Para Minnesota, una noche que profundiza las dudas.
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