Con un Raphinha en estado de gracia y un Joan García heroico en el descuento, los de Hansi Flick resisten la embestida final de un Madrid que rozó la épica con diez hombres.
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| Foto: NurPhoto via Getty Images |
Las finales entre los dos gigantes de España han dejado de ser partidos de ajedrez para convertirse en batallas de resistencia cardiovascular. En el King Abdullah Sports City, el Barcelona no solo venció al Real Madrid por 3-2; sobrevivió a él. En una noche donde la pizarra de Xabi Alonso intentó anestesiar el ritmo con una línea de cinco en el fondo, fue la verticalidad de Raphinha y la solidez bajo palos de Joan García lo que terminó decantando la balanza para que los catalanes levantaran su 16ª Supercopa de España.
El duelo comenzó con una premisa táctica inesperada. Xabi Alonso, consciente del poderío ofensivo culé, emuló viejos manuales de resistencia con un bloque bajo que buscaba asfixiar la creación de Pedri. Sin embargo, el plan se desmoronó al minuto 34, cuando Raphinha, tras una lectura magistral de Fermín López en la recuperación, cruzó el balón con su zurda letal para abrir el marcador. Parecía que el Barça controlaba los tiempos, pero el fútbol tiene guiones que escapan a la lógica.
Lo que sucedió en el descuento de la primera mitad quedará para la hemeroteca de los Clásicos. Fue un intercambio de golpes brutal, sin guardia. Primero, Vinícius Júnior rompió su sequía de 16 partidos sin marcar con una jugada individual de antología: velocidad, caño a Cubarsí y definición clínica. El Madrid revivía, pero apenas un minuto después, la conexión Pedri-Lewandowski devolvió la ventaja a los azulgranas. Y cuando el árbitro se llevaba el silbato a la boca, Gonzalo García, el '9' con dorsal '16', cazó un rebote tras un poste de Huijsen para firmar un inverosímil 2-2 al descanso. Tres goles en siete minutos de locura añadida.
El complemento trajo consigo la tensión de quien sabe que el siguiente error es fatal. El partido se trabó, las faltas tácticas frenaron el ritmo y el duelo físico entre Koundé y Vinícius sacaba chispas. Fue ahí donde Raphinha, indiscutible MVP de la noche, encontró fortuna y justicia. Al minuto 70, un disparo suyo que se resbalaba impactó en Asencio, desviando la trayectoria lo justo para superar a Courtois. El 3-2 fue un jarro de agua fría para un Madrid que ya preparaba la entrada de Kylian Mbappé.
Los minutos finales fueron un ejercicio de sufrimiento puro para el equipo de Hansi Flick. La expulsión de Frenkie de Jong por una entrada sobre Mbappé dejó al Barça en inferioridad y al Madrid con licencia para atacar sin red. Fue el momento de Joan García. El guardameta se convirtió en muralla, negándole el gol a Álvaro Carreras a quemarropa y, en la última jugada del partido, volando para detener un cabezazo de Asencio que tenía destino de empate.
El silbatazo final confirmó no solo el título, sino la vigencia del proyecto de Flick, que lidera la Liga y ahora presume la corona de Supercampeón. El Barça supo golpear, supo sufrir y, sobre todo, supo ganar cuando el caos amenazaba con devorarlo todo.
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